sábado, 6 de octubre de 2012

Vacío capitalista (Yo era feliz hasta que...)


Querido Diario amado, tal vez el tema que voy a narrar a continuación ya fue disertado hasta el hartazgo por diferentes catedráticos y no es ninguna novedad lo que voy a decir, pero de todas formas no quiero privarme de dejar una constancia escrita de mi experiencia acontecida hoy a la mañana.
Porque hoy me pasó algo lamentable, horrible, injusto. Fui a rendir un parcial de Sociedad y Estado a ciudad universitaria y me fué perfecto. Para mí que me saqué un 9, mínimo. 
Me autofelicité. Fuí a la parada del colectivo.
Me subí feliz de haber sorteado ese escollo casi masturbando mi ego te podría decir,  hasta que ocurrió la desgracia: un cartel de Ricky Sarkany me descolocó. No uno, fueron varios.
Y se borró toda la alegría.
Me recordó el hecho de que cada día estoy mas gorda, que me está por venir y me llené de granitos, que tengo el pelo como una escoba, que estaba vestida como una crota, en fin, como dice P. Lescano "Todo pinta re mal".  Una garcha esa publicidad, digamos.
Porque vi ese cartel y me sentí vacía y sentí que me faltaba algo. Me faltaban las piernas flacas, me faltaban perder cinco kilos si me quiero parecer a esas chicas, me faltaba la piel perfecta, el pelo, no sé, me faltaba todo. Yo no aportaba en nada. Nada, como ven, una situación horrible. Fue como una seguidilla de 6 carteles o sea mas de lo que mi débil inconsciente puede soportar. Porque querido Diario, yo soy débil ante los estímulos del consumo, yo soy una niña torpe e insegura que flaquea ante la menor situación. Soy débil, hay mujeres que pasan de largo estas cuestiones pero a mi me cuesta, me cuesta. Pero no creo que sea la única. Todo esto me rompe las pelotas a pleno Querido Diario, no puede ser que esté por cumplir 21 años y todavía... ¡Y todavía...! ¡Porque en este puto sistema capitalista se agarran de la belleza de unos pocos para hacer sentir mal a otros muchos así esos otros muchos se sienten en falta (¿Con quén? ¿Ante quién?) y tienen que salir a comprar cosas que no necesitan para disimular su clara fealdad! ¡Pero andate a la puta que te parió cartel de mierda, no voy a permitir que me hagas sentir un espantapájaros! 

Y sin embargo ocurrió.
Yo venía feliz regodeandome en un goce intelectual y derrepente el monstruo del consumo se apoderó de mi, de mi pequeño cuerpo morocho e imperfecto. Sentí la ausencia.
La ausencia que hace que vos salgas corriendo a comprar algo, la ausencia que hace que rueden las ruedas del ferrocarril capitalista del consumo.


Al fin y al cabo la única solución es votar a Altamira.






Explicame como hacés para tener unas gambas así.



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